
La noche se fue mostrando ante nuestros placeres, dejamos que nuestras mentes fluyeran al sabor del cannabis y la sola seducción al son de la música hizo presencia para cautivarnos con los movimientos seductores de las sombras que no dejaba de mostrarnos sus encantos... nos dejamos incorporar a una sombra que no dejaba de crear en nuestras mentes un infinito calor, el calor de una cocina.